miércoles, 17 de noviembre de 2010

Mas de lo Mismo


He escapado una vez más, he escapado de una realidad que no me gusta, he escapado del sinsabor de la rutina y de la monotonía de la vida diaria, he escapado de los buenos y malos recuerdos, le he dado la espalda a todo, incluso a mi mismo. Me he internado en una cueva de sombras sin sentido, solo, acompañado sólo de mis preguntas y de mi desconcierto.
Tal vez lo que haga no tenga sentido, tal vez ni yo mismo comprenda porqué las cosas son como son ni porqué tienen que pasar, tal vez nadie en el universo sepa cual es mi camino, no el que tendré que caminar (porque ese nadie lo sabe) sino el que ya he caminado, el camino de donde he venido. Quizá nunca caminé, tal vez solo estuve cuando y donde tuve que estar.



Hoy he decidido dar paso por un momento al descontrol y desasosiego, hoy quise nadar dentro del mar que llevo dentro y de nuevo dejarme llevar por esa corriente destructora y peligrosa que siempre daña a quien pretende descubrirla, sin importar quién fuera ni cuáles fueran sus intensiones.


Hoy he decidido llorar por dentro, sin que nadie lo notara, hoy he decidido lamentar mis culpas y mis errores, he decido expiar el daño que me he hecho y que he hecho. He decidido no decir nada hoy, llevar la culpa y la procesión por dentro, como ya es usual. Solo que hoy, por primera vez, tendré ganas de hacerlo.

martes, 26 de octubre de 2010

PURGATORIO


Y de repente sucedió, una noche de aquellas, cuando regresaba de dar sus vueltas por la ciudad decidió empezar de nuevo, sacar lo negativo que llevaba dentro de sí y empezar un largo y doloroso proceso de purificación.

Los días habían transcurridos cortos y monótonos y su universo próximo se había esfumado y corroído víctima de una fuerza avasalladora, destructiva y silenciosa, que, uno a uno, había destruido sus enseres y adornos, libros, poemas y recuerdos, no había dejado nada útil, nada.

Empezó por los dibujos que tenía pegados en su puerta y terminó con una extraña flor que tenía en su ventana, había pasado una semana desde que el último pétalo de la flor se cayó y desde entonces, en su ventana solo quedó un palo seco, mustio y gris. Durante semanas enteras se había deprimido pensando que aquella planta era el último lazo que le había unido a su pasado y trató de revivirla regándola una y otra vez, pero era imposible, ni siquiera sus lágrimas tuvieron el efecto que el había esperado.

Y entonces algo pasó, el no supo como explicarlo, pero aquella tarde, tan triste y gris, el sol apareció por un instante y se asomó timidamente por su cuarto, el rayo dio vuelta por su habitación hasta posarse en su rostro, hinchado y adolorido de tanto llorar. El lo sintió, sintió el calor reconfortante y abrió los ojos, vio un rayo dorado que le acariciaba, le consolaba y le invitaba a levantarse y salir adelante.

Se levantó, incrédulo y se dirigió hacia la ventana, abrió la derruida cortina y se fijó en el cielo, en aquel sol que dorado y lánguido le decía adiós, confundiéndose entre la nostalgia del crepúsculo y el gris de las nubes que se empezaban a juntar, listas para descargar su fuerza purificadora.

Se desesperó por un instante, tomó una sudadera y salió a correr hacia el crepúsculo, quería salvar al sol, no quería que se fuera, hacia mucho tiempo que su persona no había sentido muestras de ternura. Dobló por la esquina que daba al malecón y se dirigió hacia la playa, presuroso, contrito, no le importaban ni la gente que le observaba asustada ni el frío viento que anticipaba una inusual tormenta.

Ya estaba oscuro cuando llegó a la playa, cayó de rodillas y dio un largo suspiro, era tarde, ya se había ido. Decepcionado se levantó y regresó a casa.

Era de noche, una rara noche lluviosa de octubre. Se sentó en su cama y dejó libres a sus manos, las cuales bailaron con el lápiz una melodía nocturna, bailaron y bailaron, dibujando cosas sin sentido, figuras piadosas, tal vez demoníacas, figuras que le otorgaban una sensación de catarsis, estuvo así por horas, horas enteras, hasta que se durmió.

La noche pasó, lenta y perezosa, y la lluvia limpió la ciudad, los edificios polvorientos de su ciudad ya tenían otra vista, eran las siete de la mañana, el sol salió de nuevo, una vez más apareció por su cuarto, se asomó por la ventana e iluminó las paredes carcomidas y se posó de nuevo en su rostro. El abrió los ojos lentamente y sonrió.

martes, 24 de agosto de 2010

Divagando



He llegado a pensar que realmente no siento, que soy uno mas de aquellos que circulan en la calle, tan tristes y tan solos. He llegado a pensar que ya no bailaré mas aquella cancion que me gustaba tanto, que ya no disfrutaré de los rayos dorados del sol y mucho menos de los de plata que me regalaba la luna. He llegado a sentirme volátil y a punto de desvanecerme completamente en noches de ahogo y calentura febril.
He pensado que la vida y mis demonios internos me han ganado la batalla. Que uno a uno pasan por mi lado burlándose de mi derrota, y entre tanto dolor, me parece haberles sonreído, porque gracias a ellos al fin he podido experimentar la sensación de paz y descanso que solo la muerte podia ofrecerme.
He llegado a sentir que en serio he volado hacia el aterdecer y que el que ha quedado aquí es solo un recuerdo de lo que fui o de lo que quise ser. Me he buscado durante estos ultimos dias y no me he encontrado, busqué entre los baúles de recuerdos, entre los papeles olvidados, en los parques, debajo de las piedras, tras los árboles. He llegado a pensar que me he perdido en esta selva llena de grandes árboles y animales feroces y que nuca me volveré a encontrar.
Supongo que es mi destino irreparable, que tarde o temprano tendría que pasarme, que lo que vivo es un proceso que todos han vivido y del cual nadie tiene escapatoria, supongo que solo hay lugar para el conformismo y que no tiene sentido luchar en contra de lo inevitable. Solo hay que rendirse, dejarse llevar y terminar donde todos terminan.
Mientras vago por las calles de la ciudad he comprendido que me he vuelto alguien mas, un numero dentro de toda aquella masa de habitantes que tiene la ciudad, que tan solo soy un ciudadano más, un alma y cuerpo andante, como aquellos con los que me cruzo, como aquellos a los que no miro y que tampoco me miran. Solo soy eso, un elemento mas dentro de este conjunto de la nada.
Pensando bien las cosas creo que nunca fui alguien, que nunca existí y que solo estoy viviendo dentro de un sueño del cual tengo que salir de cualquier forma. Me pregunto si cada vez que sueño despierto hacia mi mundo real, si cada vez que cierro los ojos y respiro profundamente soy realmente yo, no aquí, sino en otra dimension. Me pregunto cual sera la manera de quedarme allí para siempre.
Me pregunto si en verdad hubiera sido mejor no pensar, no preguntar y no sentir tanto. Me pregunto si yo mismo fui el que hice que me hiera y que me hiririeran tanto. Me pregunto por qué cada vez que he pensado siempre he vuelto al mismo punto de partida. Me pregunto... si durante todo este tiempo en verdad he pensado, si en verdad he sentido, si en verdad he vivido.


viernes, 30 de julio de 2010

PERDIDOS




Todo empezó la noche anterior, en el bar de luces de neón, esa noche había sido muy mala, el lugar no tenía mucha gente, habían acudido en parejas la mayoría y ella había estado sola, sentada en el bar, bebiendo un cóctel, fumando y escrudiñando a las personas que la rodeaban esperando a que alguien apareciera para sacarla a bailar e invitarle unos tragos, era ya casi medianoche.
Y de repente pasó, llegó el, vestía un saco de cuero negro y unos pantalones negros también, fumaba un cigarrillo y se sentó en una mesa cercana a la puerta mirando a las personas con indiferencia; ella volteó y miró a su copa, la terminó de un solo trago, se sacudió el cabello con la mano al momento que se disponía a levantarse de su asiento para empezar a caminar hacia el recién llegado.
“¿Qué pasaría?”, se preguntaba ella mientras cruzaba la pista de baile, casi vacía;”tal vez la noche no esté tan perdida”, se preguntaba también cómo sería aquel hombre misterioso, si estaría esperando a alguien más o si no estaba interesado en conocer a nadie, alguien la empujó, ella retoma la calma y con la cabeza y sangre fría termina de acercarse a él.
-¿También solo?- le preguntó mientras se situaba a su costado y le tomaba por el hombro, el estrujó su cigarrillo y lo apagó en el cenicero de la mesa; -Me llamo Zeta y esta es una de las noches más aburridas de mi vida, las otras son las navidades que he tenido que pasar durante los 20 años que he vivido.
No dijo nada, no respondió, se limitó a ver su reloj y a llamar al mozo para pedirle una botella de vino, ella estaba estupefacta, ni siquiera la había mirado, iba a retirar su mano y marcharse del lugar presa de una gran humillación cuando él se dio vuelta y tomándole de la mano la invitó a sentarse con una señal.
Ella tomó asiento frente a él, tomó un cigarrillo de su bolso y él le ofreció fuego, - ¿Mala noche?- se rió sardónico –hoy es noche de viernes y extrañamente nadie ha salido a divertirse solo, bueno yo…- calló y preguntó con una nueva carga sarcástica -¿A qué te dedicas?.
-A regalarle mi compañía a la noche, a hacer felices a los otros, compartiendo lo que deseen que les comparta.
-Puta, poeta , eres una puta poeta, tan puta como la poesía - se calló y rió sonoramente, ella no se inmutó, decía la verdad, así que rió también y empezó con la rutinaria tarea de ponerse coqueta y decirle lo que estaba acostumbrada a decirle a cualquier sujeto con que se encontraba.
Así pasaron algo de quince minutos de incesante coqueteo entre copas de vino y cigarrillos cuando él se recostó sobre la silla y rascándose un poco la cabeza dijo, bastante hostigado, -Okey compañera de la noche, ya dijiste lo que todas ustedes están dispuestas a decir, ahora dime cosas que no hayas dicho nunca antes, que de lo otro ya sé bastante.
-¿Qué mas podría decirte?
-Palabras no prefabricadas, cuéntame algo de ti, de cómo empezaste a frecuentar este mundo.
-Una puta no revela sus secretos
-¿Eres estudiante y no tienes dinero?, ¿de pequeña tu familia de arrastró a esto y no sabes hacer otra cosa?, oh vamos niña siempre hay una razón.
-Lo hago porque me gusta, y por todo lo demás también, ya hablé demasiado, juguemos, ahora te toca a ti, di cualquier cosa.
-Equis, mi nombre es Equis.
-No esperarás que crea eso
-Tú te llamas Zeta, así que te sigo la corriente, soy profesor y no preguntes de qué, hoy he salido a dar una vuelta buscando a alguien con quien conversar.
-Pues de la manera en la que te expresas nadie quería conversar contigo y menos aún sabiendo que eres profesor, apuesto a que no eres casado.
-Correcto, no hay una razón lógica, así que no preguntes por ello.
-Okey, ¿Quieres salir a bailar?
-Esa canción es realmente patética
Ella lo tomó de la mano y se lo llevó casi a rastras a la pista de baile, el se paró sin moverse, no tenía intención de hacerlo, así que decidió tomar la iniciativa y empezar a bailar ella sola, lo tomó de nuevo de las manos y se acercó a él, puso sus manos sobre sus cintura y empezó a bailar de nuevo, el tuvo que moverse entonces; se rió un poco de la torpeza con la que el se movía y luego empezó a mirarlo fijamente a los ojos, eran negros, pero había algo que le daba una tonalidad gris a su mirada, el rió torpemente también, luego se detuvo, se soltó y regresó confundido a la mesa, ella se detuvo por un momento, confundida, y luego lo siguió.
El encendió un nuevo cigarrillo, ella bebió de su copa de vino.
-A veces, hablar hace bien…
-No es mi intención hacerlo, mucho menos con una desconocida
-Entonces puedes quedarte con tu carga y seguir con tu vida aburrida y deprimente
-Jamás me he chocado con una puta tan fastidiosa
-Las demás sólo te atienden sin siquiera mirarte, te aseguro que no se acuerdan de ti, eres solo uno mas de muchos.
-¿Por qué no eres como las demás entonces? Haz tu trabajo, no me molestes más por favor
-Tú fuiste el que me pidió que saliera del guión, tranquilo, no quise molestarte, permiso- se levantó de su asiento cuando él la tomó de la mano, ella volteó y lo miró: estaba mirando su copa, se sentó y se acercó un poco más, empezó a acariciarle el cabello y esta vez el no opuso resistencia, estuvieron así durante mucho tiempo.
-Olvida lo que dije antes y la manera en la que me expresé, no fue mi intención, lo siento.
-Un poco de amabilidad, vaya, esta noche no es tan mala entonces.
- No me gusta hablar de mis cosas, no con una desconocida.
-Querido, he conocido tantos hombres en mi vida que puedo describirte a ojos cerrados. Todos los hombres son iguales, responden a un grupo determinado.
- Ese argumento lo he escuchado un millón de veces y justo de mujeres que responden a un grupo determinado: las despechadas.
- ¿Así que volvemos a las andanzas?, el niño cruel muestra sus garras de nuevo… siempre a la defensiva, ¿Por qué te escondes?
El terminó el cigarrillo y lo presionó con fuerza en el cenicero, ella lo tomó de la mano y buscó sus ojos, el volteó el rostro y miró a la pared.
- Aquí no, aquí eres una desconocida
- ¿Quieres conocerme mejor?
- ¿Estás insinuándote?
- Cariño, si aún estoy junto a ti es por una razón….
Otro cigarrillo, se sirvió la última copa de vino y pidió la cuenta. Ella se volvió a acomodar el cabello y se levantó dirigiéndose a la puerta, el esperó un momento a que el mozo se acercara, pagó la cuenta y salió a la calle donde ella lo esperaba, se miraron a los ojos bajo el reflejo rojo de las luces de neón, el la tomó de la mano, ella se apoyó en su pecho y juntos empezaron caminar, sin rumbo, perdidos.

martes, 13 de julio de 2010

L a Revolución del Ocio


Siete en punto de la mañana, mi reloj empieza a sonar, mis ojos se abren lentamente, se cierran y se vuelven a abrir, acostumbrándose a la claridad matutina, el frío mañanero entra por mis pies y me obliga a guarecerme de nuevo en mi frazada, doy un bostezo prolongado y me estiro entero en mi pequeña cama para luego dar un largo suspiro: ha empezado otra vez.
Me pegunto cuáles son las motivaciones que obligan a los humanos residentes en un ratio tan corto como la ciudad de Chiclayo a levantarse y empezar sus respectivas rutinas, poco a poco la ciudad se empieza a llenar de movimiento y la paz que la envolvía por la mañana desaparece, como si terminara de dar un largo bostezo, de repente se empieza a llenar de gente que la transforman de una ciudad dormida en una ciudad con bastante movimiento: ruidos de toda índole, pasos apurados, gritos de comercio, en fin, la fiesta empieza una vez más.
Yo aun sigo echado en mi cama, hoy no me he atrevido a levantarme, las motivaciones que los demás tengan no me importan, yo no tengo ninguna, hace mucho tiempo que no he dormido lo suficiente, las ojeras en mi rostro me lo recuerdan cada vez que me miro al espejo así que hoy decidí darle al Sistema una patada por donde mas me duele y quedarme echado, esperando a que esta flojera pase y disfrutando del bienestar que uno encuentra en la soledad de su cama.
He vuelto a cerrar los ojos, he suspirado y me he dispuesto a cumplir con mi objetivo, he sentido mezclarse el ruido del caminar del reloj, el ruido de la ciudad y el silencio de mi cuarto, todo en mi cabeza mientras los segundos y minutos transcurrian, uno tras otro, lentos y tímidos.
Me he quedado dormido otra vez y he soñado con un bosque lleno de árboles frondosos, lleno de ruidos de naturaleza; cantos de aves, ruidos de insectos, de animales; he sentido a la brisa fresca acariciar mi rostro y hacerme sentir vivo, he sonreído y disfrutado el momento, he querido quedarme allí para siempre y no despertar jamás.
Si tan solo tuvieramos la oportunidad de disfrutar de esos sueños mas a menudo, si tan solo nuestros anhelos se redujeran al deseo de una existencia simplista y estable, habrían mas personas que, como yo, en este momento disfrutarían de la sensación de tomarse unos minutos para estar en compañía de nosotros mismos y brindarnos unos momentos lejos del bullicio atormentado del mundo que camina allá afuera.
Si tan solo ese sueño pudiera ser realidad, si tan solo más personas nos dieramos cuenta de esto y organizáramos una revolución callada, si tan solo dejáramos de tener miedo a estar solos, si tan solo nos dedicáramos a soñar un poco y ha dejar de lado asuntos que llamamos 'racionales' y si tan solo pudiera tener la certeza de que el celular que empieza a sonar en mi bolsillo dentro de mi sueño no es un aviso de que tengo que despertarme y volver a la realidad para contestarlo, ya que, en realidad está sonando:
  • ¿Aló?
  • ¿Dónde estas? Ya son las Ocho de la mañana, ¡Debrerías haber llegado hace quince minutos!, no te olvides de que hoy debes realizar la carta para los socios del extranjero y reunirte con los jefes de planeamiento para realizar las coordinaciones del nuevo programa. Ellos me acaban de llamar, y me dicen que aún no has llegado.... ¡Espero que tengas una buena razón para excusarte!
Se terminó, fin del sueño y todo lo dicho, esa voz chillona y aguardientosa acaba de mandar todos mis planes y mi estabilidad al carajo y acaba de recordarme que yo también soy como los demás, que debo sacrificarme todos los dias para poner en mi bolsillo algo de dinero que me sirva para sobrevivir, cuanto menos para comer, y para llenar el bolsillo de otras personas a las cuales les importa un comino mis sueños y estabilidad.
  • Ya estoy en camino, este trafico está terrible- digo, reprimiendo apenas mi respiración agitada por el susto.
  • ¡Te espero en cinco minutos! ¡Si es posible vuelas!, dice la voz.
No cabe duda, la gente no encuentra motivación, sino que vende su mente a esas personas que las esperan todos los dias, muy orondos y tranquilos, sentados en oficinas y hay algunos, como yo, que nos vendemos por muy poco.... pues ni modo, dejaré mi revolución del ocio para otro dia.

De mentes voladoras y prisiones de gravedad


Tengo en mi mente varias ideas, ideas de como mi mundo debe moverse, ideas de como yo debo moverme dentro de el, tengo tantas ideas dentro de mi mente y tengo a mi mente fuera de mi cabeza, volando por no se qué lugares, pues mi mente goza de voluntad propia y siempre viaja a países exóticos llevando consigo mis ideas, mi alegría y mis ilusiones, y así se va, dejándome solo con mis penas.

No es que le guarde rencor, yo de ella también escaparía, pero una ley inventada por personas que decían tener el cerebro muy desarrollado, por allá, lejos, en la cabeza, manda a nuestros cuerpos a estar con los pies pegados al piso, daría mi vida por poder despegarlos y volar junto a mi mente y poder escapar de este mundo y acompañarla fisicamente.

A veces pienso que ella es egoísta, que viaja sola y solo me trae las postales de los lugares a donde va, los cuales deposita en mi habitación de recuerdos. También pienso que es desordenada, pues siempre mezcla sus postales con mis postales y al final nunca estoy seguro de cuales son las mias y cuales son las de ella.

He tratado inutilmente de convencerla de que nunca vaya tan lejos, por lo menos mientras estoy ocupado en permanencer pegado en esta tierra, como un pólipo en el arrecife, pero ella no obedece y al contrario, en esos momentos es cuando mas disfruta sus viajes y me deja aquí, solo, sin saber que hacer.

No lo voy a negar, me encantaría ser como ella, me gustaría ser tan volátil, tan etéreo y vivir así: siempre viajando, lejos de este mundo, fuera de la tierra. Dueño de mi mismo y libre como el viento, volar junto a todos los pájaros del mundo, volar hacia el atardecer, dejando mi mundo plagado de gris y persiguiéndola a ella: la independiente, la indomable, la aguerrida... mi mente.


Imagen tomada por Alvaro Vega - Chile, disponible en http://www.flickr.com/photos/dark_ocean/477710536/

sábado, 15 de mayo de 2010

LA PUERTA ABIERTA


Toda la vida me pregunté qué existía ahora tras aquella puerta, si es que había luz o oscuridad, si acaso existía en ella amor u odio, razón o locura, susurros o gritos; nunca supe que había en ella, nunca me atreví a cruzarla de nuevo, cada vez que me acercaba a ella, todos mis temores infantiles corroían mi demacrada alma y me dejaban tendido en el piso, inconsciente, sin aliento.

Nunca decidí tener el valor suficiente para saber si podría tomar y resolver los retos que la vida me ponía en el camino, siempre preferí vivir en un mundo secreto y mío, lejos de toda realidad y sentimiento, la frialdad de mi mundo se reflejaba en mi cuerpo, en mi mirada, en todo mi rostro.

He pasado aquí siglos enteros, durmiendo de día y llorando de noche, a veces presa del pánico, otras de excitación, otras de alegría, en cada caso heladas lágrimas caían de mis ojos y manchaban el piso y las paredes de mi lugar: lagrimas de sangre, sangre fría y oscura, fruto de la soledad y del tiempo, mis únicos compañeros ahora y mis grandes enemigos.

Hace medio siglo que la última de mis doncellas, traída de cualquier pueblo por el último de mis eunucos ha muerto y ni siquiera el vivir junto a ella los postreros años de su mortal existencia me ha conmovido ni me ha animado a salir de mi encierro, el hambre ha desaparecido de mi cuerpo y la considero ahora como el último lazo que me unía a este mundo mortal.

Recuerdo cuando dejé el palacio celestial, conmovido por el mensaje de aquel ser alado que me brindó sus alas para buscar la eternidad y la felicidad guardando un castillo antiquísimo que ahora yace perdido entre bosques de ancianos árboles, seguro que cubierto de maleza y tierra que a través de los siglos lo han hecho parecer una montaña enorme… es cierto, nadie conoce de mi existencia, solo los pueblos aledaños, cuyos habitantes me tienen mucho miedo y ni siquiera quieren nombrarme.

Estoy solo, esperando la misericordia divina, esperando el último indulto, la orden de abandonar mi eterna condena y salir a ese mundo exterior. Dicen que cuando ese día llegue la tierra entera temblará y muchos morirán, pero esas son patrañas, yo no soy un anuncio de destrucción, solo un ángel caído, aquel que se enamoró de la humanidad y se dejó vencer por sus efímeras promesas de grandeza y placer, solo fui eso, una victima mas de los engaños e invenciones de este cruel mundo inventado por si mismo.

Recuerdo la ira del ser supremo, las miradas descendiendo hacia el piso y las señales negativas de mis compañeros, mi voz rota pidiendo clemencia… una expulsión y luego esta eterna soledad.

Al principio no lo podía soportar, salía por las noches y buscaba la inocencia para apoderarme de ella y de esa manera regresar a mi palacio, la encontraba en aquellos niños que dormían tranquilamente, los tomaba y me los llevaba para aprender de ellos, pero al parecer todo ser viviente que llevaba tiempo junto a mi quedaba presa de una rara maldición: poco a poco se transformaban en seres malignos que disfrutaban del sufrimiento humano, algunos escaparon, pero otros me tomaron cariño y se quedaron junto a mí.

Ellos me contaban que tal vez encontraría la inocencia en mujeres vírgenes, así que empezaron a traerme una y otra, pero todas ellas morían presas del pánico y del horror que les producía mi presencia.

Así que decidí dejar de hacer daño y resignarme a mi condena, cada cierto tiempo viene uno como yo a atormentarme con predicciones y señales que antecederán el término de mi pena, al final de los tiempos dice… la puerta del castillo se abrirá y tendré que salir.

Hoy he despertado y la he encontrado abierta, me he preguntado una vez más que habría afuera ahora y con mucho miedo he decidido salir: a encontrar mi destino, a iniciar una nueva etapa, o tal vez a terminarla… eso no lo sé.

lunes, 19 de abril de 2010

VIERNES 5


Viernes cinco, seis de la tarde, mientras espero parado en aquella esquina, fumando un cigarrillo, me preguntaba cuanto tiempo tardaría en llegar, si de nuevo me dejaría plantado como todas las tardes o si aquel seria el día señalado por ella para encontrarme.

Nunca estuve tan seguro como hoy, veo a los automóviles pasar de un lado a otro, ajenos al mundo, como la mayoría de cosas que transitan por las calles de la ciudad y me preguntaba si me recogería en uno de ellos, si aquella era la manera en la que quería encontrarme.

La he buscado tantas veces y nunca la he encontrado, cuando estoy desesperado pienso que ella también se me fue negada, al igual que tantas cosas en el mundo y que debería acostumbrarme a vivir sin ella. Pero hoy no es momento para desesperarse, hoy es el día, hoy debe llegar, termino mi cigarrillo y empiezo a mirar el sol poniente con una mirada siniestra: al final del atardecer, pienso, ella vendrá al terminar el atardecer.

Un presentimiento me asalta de repente, no es en esa esquina, es en aquel puente peatonal que se yergue inmenso frente a mí, entonces camino de repente y subo: no hay nadie, solo algunos pasan tan pronto como pueden. ¿Por qué encontrarme en un sitio tan solitario?

Nadie sabe en qué piensa ni porqué hace las cosas, ella es libre y gusta de su libertad, le gusta encontrarse con todos en momentos inesperados, sorprenderlos, y eso es lo que hace tan especial, pero no sabe que yo la busco desde hace tiempo, anoche me propuse buscarla una vez mas y la sola idea ni siquiera me dejó dormir, un triste café por la mañana y un jugo desabrido en vez de almuerzo, la ansiedad no me ha dejado probar nada, solo mis propios pensamientos.

Esta oscureciendo: los automóviles ya circulan con las luces encendidas y las tonalidades naranjas del cielo se empiezan a desvanecer, ella no tarda, lo presiento, la imagino llegando, sus pisadas en el pavimento su aliento helado en mi nuca, sus manos frías en mis hombros, su susurrante voz diciéndome: Hola.

Una chica pasa por mi lado y se asoma a mirar el vacío, me mira, me dirige una mirada triste y una sonrisa tímida y se retira nerviosa, sabe que la busco, tal vez ella también la esté buscando, pero ella es así, nunca se muestra a todos, selecciona a sus encuentros casuales, eso la hace tan irresistible, tan deliciosa.

Ya ha anochecido y el tráfico se ha vuelto estresante, siento que la hora se acerca y mi corazón empieza a latir con fuerza. Estoy seguro, hoy día la encontraré, la ciudad se empieza a convertir en una fiesta de luces de neón y un viento helado empieza a golpearme la cara: señales, ella esta cerca.

Suspiro, tomo un poco de aire y siento como mi mente empieza a bloquear mis pensamientos, poco a poco, el silencio llega y los ruidos huyen atemorizados, me trepo al muro, un zumbido empieza a incubarse en mi cabeza, débil, pero conforme mi emoción aumenta va cobrando mas fuerza, ella ha llegado, la siento tomarme la mano e invitándome a saltar, no puedo resistirme, cierro los ojos y tomo impulso.

Una mano tomándome sorpresivamente el hombro, un grito de mujer, el zumbido agudo, ahora ensordecedor y un golpe seco en el pavimento, mi cuerpo pidiendo clemencia mientras escucho chirridos y un trueno ensordecedor: es todo, ha llegado, ya está aquí.

***

Domingo siete, diez de la mañana, paredes blancas y una mente en blanco encerrada en un cuerpo lleno de dolor. Una mujer vestida de blanco, con cara de desvelo, escuchando un radio:

“Hace unos minutos acaba de fallecer el bebé de ocho meses de gestación que fuera extraído del vientre de su progenitora luego de que esta falleciera en un aparatoso choque en la tarde del viernes. Como se recordara en el siniestro murieron cuatro personas, la madre del niño, que acompañaba a su esposo quien conducía uno de los vehículos y que falleció instantáneamente, el conductor del otro automóvil implicado y una joven que trató de salvar al suicida que causó el accidente, al parecer la joven trató de sostener al hombre de 25 años que se lanzó al vacío, pero fue vencida por el peso de este. El suicida se encuentra hospitalizado y su estado es reservado”.

- Dios mío – gime la mujer.

Ella había llegado, pero no por mí, una vez más me resultó huidiza. Me utilizó para encontrarse con cinco personas que no querían encontrarse con ella. Ella es así, independiente y siniestra y yo, seguiré esperándola hasta que decida encontrarme, tal vez en el momento menos esperado: siempre jugando conmigo.