lunes, 22 de octubre de 2012

Una Suerte de Elegía


Es domingo por la noche y sin saber porqué me he puesto a escuchar las canciones de aquella época, las canciones con las que vibraba de emoción cada vez que eran reproducidas mientras pensaba en ti. Creo que esta acción responde a un antojo de mi subconsciente, el recordar lo irrecordable, volver al pasado a escuchar viejas melodías, recordar viejos sentimientos.

Ha pasado un año desde que nos conocimos, un año desde aquel domingo en que decidimos citarnos para salir a caminar sin más, un año desde que decidimos romper el hielo que nos circundaba, la indiferencia y la desconfianza para dar paso a una historia que, aunque corta, dejó en mí marcas imborrables, marcas que me acompañarán hasta el final de mis días.

Mientras escuchaba cada canción de aquel disco he recapitulado cada momento, cada sentimiento, cada palabra dicha, buena o mala y me he dado cuenta que en mí ya no queda mucho de aquella persona, me di cuenta que todos aquellos recuerdos no son mas que eso, sentimientos pasados que ya no guardan fuerza.

Y es que desde la ultima vez que te vi, aún llevo en el recuerdo aquél parque lleno de gatos que pasaré a detestar el resto de mi vida, y en los meses siguientes en los que me dedique a olvidarte haciendo gala de una fuerza y encono que nunca he tenido, desde aquellos meses de tormenta, mi centro, mi existencia, se ha vuelto a cerrar bajo siete llaves y he pasado a residir en el castillo de hielo que construí para que ninguna fuerza devastadora, como la que paso por mi vida mientras estábamos juntos, vuelva a destruirme.

Alguna vez me pregunte cuántas cicatrices eran suficientes para volver a una persona dura y creo que no son muchas, he obtenido la respuesta, solo para empezar una nueva lucha: la de sobrevivir, vivir sin hacer daño a los demás, aunque eso me cueste ponerme nuevamente en el ojo de la tormenta, a vista y paciencia de todos.

Pero mi lucha es mas que una lucha contra mi mismo, es también una lucha en contra tuya, contra el endurecimiento de corazón que alguien dejó en ti y que tu pretendiste dejar en mí, no te tengo permitido ganar, ahora me encuentro prisionero de mi mismo porque me es necesario, pero aquello no será eterno: aquel castillo helado es solo momentáneo, ya llegará la persona que tenga la voluntad y fuerza suficiente para derribarlo y rescatarme de mi gélida cárcel.

Hoy ha pasado un año desde que nos vimos por primera vez y después de todo lo pensado debo darte las gracias. Tus golpes me hicieron mucho más fuerte.

(Suena en mi habitación “Cometas por el Cielo”, La Oreja de Van Gogh)

lunes, 3 de septiembre de 2012

Noches de Terror Inminente

Las Principales

- Es medianoche de un viernes 13, no puedes dormir y sientes una gran angustia interior… te revuelves en la cama de tu cuarto de alquiler una y otra vez: cansado, aburrido e inquieto, estás a punto de estallar en un grito incontenible cuando de repente tocan tu puerta, abres y ves a una niña de unos siete años, algo despeinada, que repentinamente te mira y con una sonrisa te escupe una verdad en la cara: “Estas muerto”.

- La madrugada de una noche de sábado cualquiera, estás en cualquier habitación del primer hotelucho que viste al salir de la discoteca, estas con esa persona, si, aquella con la que vienes saliendo las ultimas cuatro semanas y a la que solo ves para satisfacer las calenturas propias de tu edad, ambos han bebido más de la cuenta y acaban de tener lo que tu consideras el mejor sexo de tu vida, cuando de repente una voz rompe tu éxtasis y suelta una frase que te lleva de los campos eliseos al hades: La frase culpable “Te amo”.

- Estás ebrio, si, una vez más, pero esta vez junto a tus amigos, caminan por la calle rosa  de tu ciudad, cuando divisas a una mujer de colección: Trasero de yegua y cintura de avispa, no lo piensas dos veces, le dices a tus amigos que pagarás lo que sea por llevártela a la cama, ellos ríen y no te toman en serio, para hacer mas verídica tu afirmación les apuestas toda tu quincena a que logras tu cometido, ellos aceptan, tu, seguro de tu triunfo adelantas el paso y tomas a tu presa por la cintura, le susurras al oído y de repente, la mujer-yegua con la que piensas pasar un buen rato y adicionarle unos puntos a tus bonos de dignidad, da la vuelta y te das cuenta de un pequeño detalle en su cuello: una manzana de Adán.

- Regresas de un viaje interprovincial, es de madrugada y algo pasa: no puedes dormir otra vez, ves tu reloj: son las tres de la madrugada, resignado al desvelo, miras un poco por la ventana y ves una imagen típica: Cruces en el camino, no les tomas importancia, cuando repentinamente un dedo golpea tu hombro, miras hacia arriba y ves a una niña que inocentemente te dice: Hola. 

Casos Adicionales… Testimonios Reales

- Quieres dormir y, como si fuera un milagro, tienes sueño, “¡Al fin!” piensas, retiras tu frazada y encuentras un alacrán (*) entre tus sábanas.
(*) Intercambiable por tu principal fobia: arañas, ratas, serpientes, suegras, la fea de tu aula u oficina, etc.

- Es prime time, después de tiempo quieres ver que de bueno hay en televisión abierta, traes canchita y te sientas en tu gran sillón, prendes la tele y encuentras a una bruja gritando: “¡Que pase el desgraciado!”.

- Has preparado una declaración de antología para la chica de tus sueños, y en la mitad de tu discurso ella bosteza.

- Estas a la mitad de un concierto imaginario a la mitad de tu sala, mismo rocker tarareas la canción mientras bailas con la escoba (la versión casera de tu guitarra electrica de ultima generación), de repente te das vuelta y ves a cinco personas que te miran intrigadas, una de ellas, es tu adorable vecinita de 18 años (Tu sabes a quien me refiero).

domingo, 24 de junio de 2012

Teoría del Dolor según Valdelomar


“¿Quieres que sea feliz y que mi quena llore? No me des fiestas ni riquezas, ni siervos, ni palacios. El dolor no se hace. El dolor es. No es para divertir a los otros. La pena está en la luz de la luna, en la sombra de las frondas, en el silencio de la naturaleza. En lo gris de las nubes que se juntan y opacan en las cimas, cuando llueve, allí está el dolor. En el viento frío que sopla en la tempestad, en el retumbar del trueno, en la lluvia incesante y torrencial, en la blanca nieve sagrada, en el río que rompe el lecho y enrojece el agua con la arcilla, en el rayo, allí vive el dolor. Nada de eso hay en tus jardines, Pachacámac. 

El dolor es inmenso como el mar, orgulloso como el cóndor, multicolor como el bosque. Tú no conoces el dolor...”


- Tomado de "El Alma de la Quena" de Abraham Valdelomar

martes, 1 de mayo de 2012

Dos Vinos Baratos y Media Cajetilla de Cigarrillos Dudosos.


¿Cómo me siento?
Rodeado de luz, una luz blanca y enceguecedora.
¿Cómo me siento?
Solo, perdido, pero rodeado de luz.
Un nuevo modo de vivir, una nueva vida
que se siente, jodidamente bien
¿Cómo siento?
Con el dolor, el dolor de sentirme tan vivo.
Con la confusión, con la confusión de sentir que tengo un amplio camino frente a mí.
Con el dolor de la soledad.
Con la penumbra dentro de mí.
Rodeado, como siempre, de esa jodida luz.
Ángeles…  ¿Dónde están ahora que los necesito?
Solo, sin alas y sin ángeles,
cayendo por fin,
solo, rodeado de luz.

lunes, 9 de abril de 2012

Una Tarde Arcoiris


Vi uno ayer por la tarde, en el pueblo donde pasé toda mi niñez y en donde ahora paso mis días de autoaislamiento, un lugar donde la mayoría de veces no pasa otra cosa mas que el tiempo, lento y perezoso. Estaba cerca de casa cuando levanté la vista hacia el cielo vespertino, lleno de tonos oscuros y tristes, y me fijé en él, el detalle que marcaba la diferencia de un cielo que bien podía haber desanimado a la personalidad más eufórica de todos los alrededores.

Tal vez el haberlo visto no era un asunto de trascendencia, pero la coyuntura propia y personal de estos días me obligó a tomar una pausa en mi camino para dejarme llevar e impresionar por el apoteósico espectáculo: era inmenso, gigante, se diría que envolvía a todo el pueblo, como un enorme abrazo multicolor, su aspecto curvo le daba la apariencia de un portal que llevaba a un universo paralelo y mágico, donde no existían ni las tardes grises, ni el desánimo de días aciagos, ni las desilusiones descontroladas de sentimientos frustrados.

Dicen que su presencia es sinónimo de esperanza y buen augurio, en la Biblia se menciona que es la señal de la promesa de Dios para su pueblo de no destruirlo en un futuro… para mí, era todo eso y más, era un símbolo de redención, la marca de un antes y un después entre tantos días de tormenta.

Así que me senté a contemplar como terminaba de dibujarse en el cielo y consolidaba su existencia efímera y volátil. El ambiente pareció alegrarse, tropeles de niños salían a las calles gritando extasiados: “¡Arcoíris!, ¡Arcoíris!”, la calle toda pareció cambiar de ánimo: mientras los niños jugaban en la tierra, un grupo de libélulas lo hacía en el aire, me alegré con ellos.

En un momento, un débil rayo de sol hizo su aparición y una lluvia tenue empezó a bañar la tierra sedienta: La tarde perfecta, una tarde arcoíris, terminaba de entregarnos su perfección para luego dar paso a la lluvia y al calor propio de estos días de un verano invasivo, que se rehúsa a irse, a pesar de que su tiempo de quedarse ya pasó.

Mi amigo atmosférico empezó a decir adiós, se desdibujaba lentamente: primero, desde la parte superior del arco y terminando por aquellos multicolores brazos que lo unían a la tierra, que ahora desprendía un olor húmedo, olor a fertilidad.

Yo pasé a mi casa. Seguí con mi rutina habitual, y ya de noche, al momento de dormir, me soñé niño, saliendo desesperadamente de mi casa a disfrutar de esa misma tarde, jugando con los niños y con las libélulas bajo la lluvia hasta el ocaso, eternamente, gritando una y otra vez: “¡Arcoíris!, ¡Arcoíris!”

jueves, 5 de abril de 2012

Cicatrices


Cicatrices: Son marcas dejadas por heridas del pasado, algunas son tan recientes que aun duelen, pero lo importante es que son el principal síntoma de mejoría que augura la vuelta a la normalidad del cuerpo o alma que haya sido dañado.

He reclutado durante mis más de 23 años de existencia todo tipo de cicatrices, desde las más leves e insignificantes hasta las más profundas y dolorosas, algunas aún duelen hasta ahora. Pero sea cual fuere el tipo de cicatriz, lo cierto es que cada una representa una lección, una moraleja lograda del más doloroso y efectivo método.

Las cicatrices me han enseñado varias cosas, algunas lecciones de vida positivas como el caminar bien y fijarme por donde lo hago hasta algunas lecciones negativas como el no confiar en todas las personas que te rodean, aún así, positivas o negativas, hacen que vivas bien y que andes protegido ante cualquier eventualidad que pueda causarte daño nuevamente.

¿Será que alguien bastante dañado obtiene tantas cicatrices que estas le hacen imposible sentir nuevamente con la misma capacidad que antes? ¿Y que al tener un cuerpo y un alma más duros que el resto hace que las personas que choquen o rocen con ellos también salgan dañados? ¿Cuántas cicatrices debes tener para empezar a dañar a las personas que te rodean?

Algunas personas solo vagan por ahí envueltas en su dureza y haciendo daño a su alrededor, muchas veces sin saberlo.

El destino me hizo colisionar contra un objeto duro e inamovible, un ser que deslumbra con su aparente simpleza, pero que encerraba tras esa máscara un laberinto oscuro y confuso en el cual no pude evitar entrar y perderme durante el tiempo suficiente para empezar a extraviarme dentro de mí mismo.

Resultado: una cicatriz que aun sangra de vez en cuando y un poco más de dureza dentro de mí. Una lección de vida, una advertencia latente, penas y lágrimas que llegaron, se quedaron durante un tiempo considerable y que ya están pasando.

No puedo evitar el hacer esto, el saldar cuentas, el repasar todo lo que pasó, paso a paso y detectar el momento justo en el que caí por tu laberinto para perderme en ti y perder mi rumbo, no puedo evitar el recordar, el regresar hacia atrás en un afán desesperado de evitar la herida, matar los recuerdos y seguir adelante.

Ahora que entiendo y comprendo todo, ahora que identifiqué el momento justo en que estuve en la puerta de lo desconocido hubiera preferido despertar de ese sueño y seguir caminando, antes que empezara la pesadilla que obligó a dar un nuevo giro en mi camino. Mas no pude, tu luz engañosa me atraía hacia el laberinto y como un insecto, no pude resistir la tentación.

Recuerdo haberte comentado de mi temor, el mítico temor de abrir mis puertas a lo desconocido, pero tu resplandor me inspiró confianza y ciego seguí adelante, en fin, el resto de la historia no vale la pena contarla, el hecho es que seguimos así, heridos ambos y tratando de retomar el camino de cada quien ya en vías distintas.

Tu con tus cicatrices, yo con las mías, endurecidos una vez más, haciendo daño sin querer, o queriendo, depende de cada uno.