Es domingo
por la noche y sin saber porqué me he puesto a escuchar las canciones de
aquella época, las canciones con las que vibraba de emoción cada vez que eran
reproducidas mientras pensaba en ti. Creo que esta acción responde a un antojo
de mi subconsciente, el recordar lo irrecordable, volver al pasado a escuchar
viejas melodías, recordar viejos sentimientos.
Ha
pasado un año desde que nos conocimos, un año desde aquel domingo en que
decidimos citarnos para salir a caminar sin más, un año desde que decidimos
romper el hielo que nos circundaba, la indiferencia y la desconfianza para dar
paso a una historia que, aunque corta, dejó en mí marcas imborrables, marcas
que me acompañarán hasta el final de mis días.
Mientras
escuchaba cada canción de aquel disco he recapitulado cada momento, cada
sentimiento, cada palabra dicha, buena o mala y me he dado cuenta que en mí ya
no queda mucho de aquella persona, me di cuenta que todos aquellos recuerdos no
son mas que eso, sentimientos pasados que ya no guardan fuerza.
Y es
que desde la ultima vez que te vi, aún llevo en el recuerdo aquél parque lleno
de gatos que pasaré a detestar el resto de mi vida, y en los meses siguientes
en los que me dedique a olvidarte haciendo gala de una fuerza y encono que
nunca he tenido, desde aquellos meses de tormenta, mi centro, mi existencia, se
ha vuelto a cerrar bajo siete llaves y he pasado a residir en el castillo de
hielo que construí para que ninguna fuerza devastadora, como la que paso por mi
vida mientras estábamos juntos, vuelva a destruirme.
Alguna
vez me pregunte cuántas cicatrices eran suficientes para volver a una persona
dura y creo que no son muchas, he obtenido la respuesta, solo para empezar una
nueva lucha: la de sobrevivir, vivir sin hacer daño a los demás, aunque eso me
cueste ponerme nuevamente en el ojo de la tormenta, a vista y paciencia de
todos.
Pero
mi lucha es mas que una lucha contra mi mismo, es también una lucha en contra
tuya, contra el endurecimiento de corazón que alguien dejó en ti y que tu
pretendiste dejar en mí, no te tengo permitido ganar, ahora me encuentro
prisionero de mi mismo porque me es necesario, pero aquello no será eterno:
aquel castillo helado es solo momentáneo, ya llegará la persona que tenga la
voluntad y fuerza suficiente para derribarlo y rescatarme de mi gélida cárcel.
Hoy
ha pasado un año desde que nos vimos por primera vez y después de todo lo
pensado debo darte las gracias. Tus golpes me hicieron mucho más fuerte.
(Suena en mi
habitación “Cometas por el Cielo”, La Oreja de Van Gogh)
No hay comentarios:
Publicar un comentario