martes, 8 de diciembre de 2015

Renacimiento

           
A lo desconocido.

A la sensación de no tener el control de las cosas. Al encerrarse en uno mismo tras esa coraza de años y años de autismo selectivo. Al no querer mostrarse a los demás. Al preferir la soledad. A darle la espalda a tus sentimientos y sueños simplemente porque es más fácil vivir sin ellos.

Al frío eterno, a la muerte, a la oscuridad. A las noches enteras de fiebre. A la sensación de que la vida se va de las manos y tienes que simplemente dejarla ir. A que todo tenga fecha de caducidad.

Al dolor, a las lágrimas, a la auto compasión, a la dureza, a la pereza, a la timidez.

A los amores de una noche, a aquellos que no dejé quedarse. A los sentimientos prohibidos, a los jadeos de medianoche en el rincón más oscuro, el menos romántico y el más visceral.

A la sociedad, al que dirán.

A los demonios que viven dentro de uno, a aquellos que viven al lado, en el barrio, en la ciudad, en el país.

Al no querer cambiar las cosas, a la desidia.

Adiós. A todo lo malo y lo bueno, al miedo, al caos. Adiós

sábado, 5 de enero de 2013

Al amigo que se fué


    Debería escribirle, pienso, mientras veo la hoja vacía y espero que las horas transcurran lentamente, pero, ¿Qué debería escribirle? ¿Algún poema épico de amor o una oda heroica? ¿Una simple descripción sobre su persona?, podría escribirle tantas cosas…

Vino a mi vida de repente, con la incertidumbre de no saber si era real o un espejismo, si era uno más del montón o único, si me encontraría dispuesto a brindar a un extraño una sonrisa o sólo le daría mi indiferencia. Dio el primer paso y, gracias a la fortuna, me encontró allí, esperando pacientemente que el tiempo pasara, entre diálogos exentos de toda emoción y melodías lúgubres que flagelaban mi alma. Recuerdo que vencida la timidez y falta de confianza originales, empezamos a cruzar palabras y frases interminables a través de la pantalla de un ordenador y así pasamos juntos innumerables situaciones: a veces reíamos, otras nos enojábamos el uno con el otro y otras simplemente nos dejábamos embargar por la nostalgia de amores perdidos, que pasaron por nuestras vidas cual huracanes, revolviéndolo todo.

Nos vimos por primera y única vez un viernes 13, bajo las luces de una ciudad que ya no era suya ni mía, que ya no era de nadie en realidad. Yo, distraído por excelencia, sufría los embates del desánimo, producto de errores coyunturales en el trabajo y él, de paso por la ciudad, se había dignado a brindarme unos minutos de su existencia, sin saber, nuevamente, si es que encontraría a alguien real o a un espejismo. Creo que encontró a un espejismo, o a alguien real convertido en un espejismo de sí mismo.

El hecho es que tuvo la osadía de intentar sacarme de mi estado y vaya que lo logró, la tragedia no resultó ser tan fuerte una vez que intercambiamos las primeras frases y de repente, como si conversara con aquel ordenador, me sentí nuevamente en confianza, lo que estaba destinado a ser unos minutos de conversación se tornó en una noche larga y amena, que terminó en una despedida, un reencuentro y otra despedida forzada por un apagón.

Al día siguiente la jornada se repitió por la tarde e igualmente pasamos un momento agradable, pero el espejismo duro poco: mi estimado amigo volvería esa noche a la ciudad que ahora lo alberga y pasaría nuevamente a ser esa voz que escucharía de vez en cuando al otro lado de la línea telefónica o aquellas líneas que me hablarían a través de la computadora.

A pesar de todo el cariño no ha disminuido, muy por el contrario, ha aumentado a niveles un poco alarmantes, pero la vida es así, somos humanos y no es ajeno a nosotros el sentir.

Poco a poco descubrí más de él, de sus anhelos, tragedias y alegrías. De sus afanes autodestructivos y sus ganas de aislamiento voluntario. Algunas veces me hirió, pero supe perdonarlo, sobretodo porque lo comprendo, porque sé lo que es estar en esa situación, porque sé lo que es vivir así, mi cariño por el es tan grande que mas que un simple conocido, le considero un amigo, mas que un amigo, le considero un hermano en el espíritu.

Muchas veces me desconcierta saber cuanto he llegado a quererle sin proponérmelo, alguna vez le dije que tenía en si la miel y la hiel, lo duro y lo suave, lo extraño y lo conocido, tantas cosas juntas, tantas sensaciones juntas, tantos sentimientos juntos.

Se que será grande, porque tiene un corazón noble y el alma indomable. Sé que me atrae como imán, sé tantas cosas, pero no sé que nos depare el destino a ambos, tal vez una historia épica o tal vez solo un pequeño tiempo adicional antes de que emprenda el vuelo y continúe su camino, hacia nuevos horizontes.

Solo me gustaría que mientras se encuentre formando parte de mi gris existencia, pueda ser feliz, y me gustaría que deje que le haga ser feliz, a pesar de mis limitaciones y que en los momentos de profundo pesar y melancolía pueda encontrar en mí aquellos brazos que le recojan y le guarden, como un protector, mientras que en su mente, suene mi voz, suavemente, para siempre, eternamente: “Tranquilo, no te agites, todo estará bien”.


Chiclayo, agosto de 2012

lunes, 22 de octubre de 2012

Una Suerte de Elegía


Es domingo por la noche y sin saber porqué me he puesto a escuchar las canciones de aquella época, las canciones con las que vibraba de emoción cada vez que eran reproducidas mientras pensaba en ti. Creo que esta acción responde a un antojo de mi subconsciente, el recordar lo irrecordable, volver al pasado a escuchar viejas melodías, recordar viejos sentimientos.

Ha pasado un año desde que nos conocimos, un año desde aquel domingo en que decidimos citarnos para salir a caminar sin más, un año desde que decidimos romper el hielo que nos circundaba, la indiferencia y la desconfianza para dar paso a una historia que, aunque corta, dejó en mí marcas imborrables, marcas que me acompañarán hasta el final de mis días.

Mientras escuchaba cada canción de aquel disco he recapitulado cada momento, cada sentimiento, cada palabra dicha, buena o mala y me he dado cuenta que en mí ya no queda mucho de aquella persona, me di cuenta que todos aquellos recuerdos no son mas que eso, sentimientos pasados que ya no guardan fuerza.

Y es que desde la ultima vez que te vi, aún llevo en el recuerdo aquél parque lleno de gatos que pasaré a detestar el resto de mi vida, y en los meses siguientes en los que me dedique a olvidarte haciendo gala de una fuerza y encono que nunca he tenido, desde aquellos meses de tormenta, mi centro, mi existencia, se ha vuelto a cerrar bajo siete llaves y he pasado a residir en el castillo de hielo que construí para que ninguna fuerza devastadora, como la que paso por mi vida mientras estábamos juntos, vuelva a destruirme.

Alguna vez me pregunte cuántas cicatrices eran suficientes para volver a una persona dura y creo que no son muchas, he obtenido la respuesta, solo para empezar una nueva lucha: la de sobrevivir, vivir sin hacer daño a los demás, aunque eso me cueste ponerme nuevamente en el ojo de la tormenta, a vista y paciencia de todos.

Pero mi lucha es mas que una lucha contra mi mismo, es también una lucha en contra tuya, contra el endurecimiento de corazón que alguien dejó en ti y que tu pretendiste dejar en mí, no te tengo permitido ganar, ahora me encuentro prisionero de mi mismo porque me es necesario, pero aquello no será eterno: aquel castillo helado es solo momentáneo, ya llegará la persona que tenga la voluntad y fuerza suficiente para derribarlo y rescatarme de mi gélida cárcel.

Hoy ha pasado un año desde que nos vimos por primera vez y después de todo lo pensado debo darte las gracias. Tus golpes me hicieron mucho más fuerte.

(Suena en mi habitación “Cometas por el Cielo”, La Oreja de Van Gogh)

lunes, 3 de septiembre de 2012

Noches de Terror Inminente

Las Principales

- Es medianoche de un viernes 13, no puedes dormir y sientes una gran angustia interior… te revuelves en la cama de tu cuarto de alquiler una y otra vez: cansado, aburrido e inquieto, estás a punto de estallar en un grito incontenible cuando de repente tocan tu puerta, abres y ves a una niña de unos siete años, algo despeinada, que repentinamente te mira y con una sonrisa te escupe una verdad en la cara: “Estas muerto”.

- La madrugada de una noche de sábado cualquiera, estás en cualquier habitación del primer hotelucho que viste al salir de la discoteca, estas con esa persona, si, aquella con la que vienes saliendo las ultimas cuatro semanas y a la que solo ves para satisfacer las calenturas propias de tu edad, ambos han bebido más de la cuenta y acaban de tener lo que tu consideras el mejor sexo de tu vida, cuando de repente una voz rompe tu éxtasis y suelta una frase que te lleva de los campos eliseos al hades: La frase culpable “Te amo”.

- Estás ebrio, si, una vez más, pero esta vez junto a tus amigos, caminan por la calle rosa  de tu ciudad, cuando divisas a una mujer de colección: Trasero de yegua y cintura de avispa, no lo piensas dos veces, le dices a tus amigos que pagarás lo que sea por llevártela a la cama, ellos ríen y no te toman en serio, para hacer mas verídica tu afirmación les apuestas toda tu quincena a que logras tu cometido, ellos aceptan, tu, seguro de tu triunfo adelantas el paso y tomas a tu presa por la cintura, le susurras al oído y de repente, la mujer-yegua con la que piensas pasar un buen rato y adicionarle unos puntos a tus bonos de dignidad, da la vuelta y te das cuenta de un pequeño detalle en su cuello: una manzana de Adán.

- Regresas de un viaje interprovincial, es de madrugada y algo pasa: no puedes dormir otra vez, ves tu reloj: son las tres de la madrugada, resignado al desvelo, miras un poco por la ventana y ves una imagen típica: Cruces en el camino, no les tomas importancia, cuando repentinamente un dedo golpea tu hombro, miras hacia arriba y ves a una niña que inocentemente te dice: Hola. 

Casos Adicionales… Testimonios Reales

- Quieres dormir y, como si fuera un milagro, tienes sueño, “¡Al fin!” piensas, retiras tu frazada y encuentras un alacrán (*) entre tus sábanas.
(*) Intercambiable por tu principal fobia: arañas, ratas, serpientes, suegras, la fea de tu aula u oficina, etc.

- Es prime time, después de tiempo quieres ver que de bueno hay en televisión abierta, traes canchita y te sientas en tu gran sillón, prendes la tele y encuentras a una bruja gritando: “¡Que pase el desgraciado!”.

- Has preparado una declaración de antología para la chica de tus sueños, y en la mitad de tu discurso ella bosteza.

- Estas a la mitad de un concierto imaginario a la mitad de tu sala, mismo rocker tarareas la canción mientras bailas con la escoba (la versión casera de tu guitarra electrica de ultima generación), de repente te das vuelta y ves a cinco personas que te miran intrigadas, una de ellas, es tu adorable vecinita de 18 años (Tu sabes a quien me refiero).

domingo, 24 de junio de 2012

Teoría del Dolor según Valdelomar


“¿Quieres que sea feliz y que mi quena llore? No me des fiestas ni riquezas, ni siervos, ni palacios. El dolor no se hace. El dolor es. No es para divertir a los otros. La pena está en la luz de la luna, en la sombra de las frondas, en el silencio de la naturaleza. En lo gris de las nubes que se juntan y opacan en las cimas, cuando llueve, allí está el dolor. En el viento frío que sopla en la tempestad, en el retumbar del trueno, en la lluvia incesante y torrencial, en la blanca nieve sagrada, en el río que rompe el lecho y enrojece el agua con la arcilla, en el rayo, allí vive el dolor. Nada de eso hay en tus jardines, Pachacámac. 

El dolor es inmenso como el mar, orgulloso como el cóndor, multicolor como el bosque. Tú no conoces el dolor...”


- Tomado de "El Alma de la Quena" de Abraham Valdelomar

martes, 1 de mayo de 2012

Dos Vinos Baratos y Media Cajetilla de Cigarrillos Dudosos.


¿Cómo me siento?
Rodeado de luz, una luz blanca y enceguecedora.
¿Cómo me siento?
Solo, perdido, pero rodeado de luz.
Un nuevo modo de vivir, una nueva vida
que se siente, jodidamente bien
¿Cómo siento?
Con el dolor, el dolor de sentirme tan vivo.
Con la confusión, con la confusión de sentir que tengo un amplio camino frente a mí.
Con el dolor de la soledad.
Con la penumbra dentro de mí.
Rodeado, como siempre, de esa jodida luz.
Ángeles…  ¿Dónde están ahora que los necesito?
Solo, sin alas y sin ángeles,
cayendo por fin,
solo, rodeado de luz.

lunes, 9 de abril de 2012

Una Tarde Arcoiris


Vi uno ayer por la tarde, en el pueblo donde pasé toda mi niñez y en donde ahora paso mis días de autoaislamiento, un lugar donde la mayoría de veces no pasa otra cosa mas que el tiempo, lento y perezoso. Estaba cerca de casa cuando levanté la vista hacia el cielo vespertino, lleno de tonos oscuros y tristes, y me fijé en él, el detalle que marcaba la diferencia de un cielo que bien podía haber desanimado a la personalidad más eufórica de todos los alrededores.

Tal vez el haberlo visto no era un asunto de trascendencia, pero la coyuntura propia y personal de estos días me obligó a tomar una pausa en mi camino para dejarme llevar e impresionar por el apoteósico espectáculo: era inmenso, gigante, se diría que envolvía a todo el pueblo, como un enorme abrazo multicolor, su aspecto curvo le daba la apariencia de un portal que llevaba a un universo paralelo y mágico, donde no existían ni las tardes grises, ni el desánimo de días aciagos, ni las desilusiones descontroladas de sentimientos frustrados.

Dicen que su presencia es sinónimo de esperanza y buen augurio, en la Biblia se menciona que es la señal de la promesa de Dios para su pueblo de no destruirlo en un futuro… para mí, era todo eso y más, era un símbolo de redención, la marca de un antes y un después entre tantos días de tormenta.

Así que me senté a contemplar como terminaba de dibujarse en el cielo y consolidaba su existencia efímera y volátil. El ambiente pareció alegrarse, tropeles de niños salían a las calles gritando extasiados: “¡Arcoíris!, ¡Arcoíris!”, la calle toda pareció cambiar de ánimo: mientras los niños jugaban en la tierra, un grupo de libélulas lo hacía en el aire, me alegré con ellos.

En un momento, un débil rayo de sol hizo su aparición y una lluvia tenue empezó a bañar la tierra sedienta: La tarde perfecta, una tarde arcoíris, terminaba de entregarnos su perfección para luego dar paso a la lluvia y al calor propio de estos días de un verano invasivo, que se rehúsa a irse, a pesar de que su tiempo de quedarse ya pasó.

Mi amigo atmosférico empezó a decir adiós, se desdibujaba lentamente: primero, desde la parte superior del arco y terminando por aquellos multicolores brazos que lo unían a la tierra, que ahora desprendía un olor húmedo, olor a fertilidad.

Yo pasé a mi casa. Seguí con mi rutina habitual, y ya de noche, al momento de dormir, me soñé niño, saliendo desesperadamente de mi casa a disfrutar de esa misma tarde, jugando con los niños y con las libélulas bajo la lluvia hasta el ocaso, eternamente, gritando una y otra vez: “¡Arcoíris!, ¡Arcoíris!”