martes, 8 de diciembre de 2015

Renacimiento

           
A lo desconocido.

A la sensación de no tener el control de las cosas. Al encerrarse en uno mismo tras esa coraza de años y años de autismo selectivo. Al no querer mostrarse a los demás. Al preferir la soledad. A darle la espalda a tus sentimientos y sueños simplemente porque es más fácil vivir sin ellos.

Al frío eterno, a la muerte, a la oscuridad. A las noches enteras de fiebre. A la sensación de que la vida se va de las manos y tienes que simplemente dejarla ir. A que todo tenga fecha de caducidad.

Al dolor, a las lágrimas, a la auto compasión, a la dureza, a la pereza, a la timidez.

A los amores de una noche, a aquellos que no dejé quedarse. A los sentimientos prohibidos, a los jadeos de medianoche en el rincón más oscuro, el menos romántico y el más visceral.

A la sociedad, al que dirán.

A los demonios que viven dentro de uno, a aquellos que viven al lado, en el barrio, en la ciudad, en el país.

Al no querer cambiar las cosas, a la desidia.

Adiós. A todo lo malo y lo bueno, al miedo, al caos. Adiós

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