martes, 13 de julio de 2010

L a Revolución del Ocio


Siete en punto de la mañana, mi reloj empieza a sonar, mis ojos se abren lentamente, se cierran y se vuelven a abrir, acostumbrándose a la claridad matutina, el frío mañanero entra por mis pies y me obliga a guarecerme de nuevo en mi frazada, doy un bostezo prolongado y me estiro entero en mi pequeña cama para luego dar un largo suspiro: ha empezado otra vez.
Me pegunto cuáles son las motivaciones que obligan a los humanos residentes en un ratio tan corto como la ciudad de Chiclayo a levantarse y empezar sus respectivas rutinas, poco a poco la ciudad se empieza a llenar de movimiento y la paz que la envolvía por la mañana desaparece, como si terminara de dar un largo bostezo, de repente se empieza a llenar de gente que la transforman de una ciudad dormida en una ciudad con bastante movimiento: ruidos de toda índole, pasos apurados, gritos de comercio, en fin, la fiesta empieza una vez más.
Yo aun sigo echado en mi cama, hoy no me he atrevido a levantarme, las motivaciones que los demás tengan no me importan, yo no tengo ninguna, hace mucho tiempo que no he dormido lo suficiente, las ojeras en mi rostro me lo recuerdan cada vez que me miro al espejo así que hoy decidí darle al Sistema una patada por donde mas me duele y quedarme echado, esperando a que esta flojera pase y disfrutando del bienestar que uno encuentra en la soledad de su cama.
He vuelto a cerrar los ojos, he suspirado y me he dispuesto a cumplir con mi objetivo, he sentido mezclarse el ruido del caminar del reloj, el ruido de la ciudad y el silencio de mi cuarto, todo en mi cabeza mientras los segundos y minutos transcurrian, uno tras otro, lentos y tímidos.
Me he quedado dormido otra vez y he soñado con un bosque lleno de árboles frondosos, lleno de ruidos de naturaleza; cantos de aves, ruidos de insectos, de animales; he sentido a la brisa fresca acariciar mi rostro y hacerme sentir vivo, he sonreído y disfrutado el momento, he querido quedarme allí para siempre y no despertar jamás.
Si tan solo tuvieramos la oportunidad de disfrutar de esos sueños mas a menudo, si tan solo nuestros anhelos se redujeran al deseo de una existencia simplista y estable, habrían mas personas que, como yo, en este momento disfrutarían de la sensación de tomarse unos minutos para estar en compañía de nosotros mismos y brindarnos unos momentos lejos del bullicio atormentado del mundo que camina allá afuera.
Si tan solo ese sueño pudiera ser realidad, si tan solo más personas nos dieramos cuenta de esto y organizáramos una revolución callada, si tan solo dejáramos de tener miedo a estar solos, si tan solo nos dedicáramos a soñar un poco y ha dejar de lado asuntos que llamamos 'racionales' y si tan solo pudiera tener la certeza de que el celular que empieza a sonar en mi bolsillo dentro de mi sueño no es un aviso de que tengo que despertarme y volver a la realidad para contestarlo, ya que, en realidad está sonando:
  • ¿Aló?
  • ¿Dónde estas? Ya son las Ocho de la mañana, ¡Debrerías haber llegado hace quince minutos!, no te olvides de que hoy debes realizar la carta para los socios del extranjero y reunirte con los jefes de planeamiento para realizar las coordinaciones del nuevo programa. Ellos me acaban de llamar, y me dicen que aún no has llegado.... ¡Espero que tengas una buena razón para excusarte!
Se terminó, fin del sueño y todo lo dicho, esa voz chillona y aguardientosa acaba de mandar todos mis planes y mi estabilidad al carajo y acaba de recordarme que yo también soy como los demás, que debo sacrificarme todos los dias para poner en mi bolsillo algo de dinero que me sirva para sobrevivir, cuanto menos para comer, y para llenar el bolsillo de otras personas a las cuales les importa un comino mis sueños y estabilidad.
  • Ya estoy en camino, este trafico está terrible- digo, reprimiendo apenas mi respiración agitada por el susto.
  • ¡Te espero en cinco minutos! ¡Si es posible vuelas!, dice la voz.
No cabe duda, la gente no encuentra motivación, sino que vende su mente a esas personas que las esperan todos los dias, muy orondos y tranquilos, sentados en oficinas y hay algunos, como yo, que nos vendemos por muy poco.... pues ni modo, dejaré mi revolución del ocio para otro dia.

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