Cicatrices: Son marcas dejadas por heridas del pasado,
algunas son tan recientes que aun duelen, pero lo importante es que son el
principal síntoma de mejoría que augura la vuelta a la normalidad del cuerpo o
alma que haya sido dañado.
He reclutado durante mis más de 23 años de existencia todo
tipo de cicatrices, desde las más leves e insignificantes hasta las más
profundas y dolorosas, algunas aún duelen hasta ahora. Pero sea cual fuere el
tipo de cicatriz, lo cierto es que cada una representa una lección, una
moraleja lograda del más doloroso y efectivo método.
Las cicatrices me han enseñado varias cosas, algunas
lecciones de vida positivas como el caminar bien y fijarme por donde lo hago
hasta algunas lecciones negativas como el no confiar en todas las personas que
te rodean, aún así, positivas o negativas, hacen que vivas bien y que andes
protegido ante cualquier eventualidad que pueda causarte daño nuevamente.
¿Será que alguien bastante dañado obtiene tantas cicatrices
que estas le hacen imposible sentir nuevamente con la misma capacidad que
antes? ¿Y que al tener un cuerpo y un alma más duros que el resto hace que las
personas que choquen o rocen con ellos también salgan dañados? ¿Cuántas
cicatrices debes tener para empezar a dañar a las personas que te rodean?
Algunas personas solo vagan por ahí envueltas en su dureza y
haciendo daño a su alrededor, muchas veces sin saberlo.
El destino me hizo colisionar contra un objeto duro e
inamovible, un ser que deslumbra con su aparente simpleza, pero que encerraba
tras esa máscara un laberinto oscuro y confuso en el cual no pude evitar entrar
y perderme durante el tiempo suficiente para empezar a extraviarme dentro de mí
mismo.
Resultado: una cicatriz que aun sangra de vez en cuando y un
poco más de dureza dentro de mí. Una lección de vida, una advertencia latente,
penas y lágrimas que llegaron, se quedaron durante un tiempo considerable y que
ya están pasando.
No puedo evitar el hacer esto, el saldar cuentas, el repasar
todo lo que pasó, paso a paso y detectar el momento justo en el que caí por tu
laberinto para perderme en ti y perder mi rumbo, no puedo evitar el recordar,
el regresar hacia atrás en un afán desesperado de evitar la herida, matar los
recuerdos y seguir adelante.
Ahora que entiendo y comprendo todo, ahora que identifiqué
el momento justo en que estuve en la puerta de lo desconocido hubiera preferido
despertar de ese sueño y seguir caminando, antes que empezara la pesadilla que
obligó a dar un nuevo giro en mi camino. Mas no pude, tu luz engañosa me atraía
hacia el laberinto y como un insecto, no pude resistir la tentación.
Recuerdo haberte comentado de mi temor, el mítico temor de
abrir mis puertas a lo desconocido, pero tu resplandor me inspiró confianza y
ciego seguí adelante, en fin, el resto de la historia no vale la pena contarla,
el hecho es que seguimos así, heridos ambos y tratando de retomar el camino de
cada quien ya en vías distintas.
Tu con tus cicatrices, yo con las mías, endurecidos una vez
más, haciendo daño sin querer, o queriendo, depende de cada uno.
1 comentario:
Recuerdos.
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